I



Amamos, deseamos, perseguimos
la posesión de un cuerpo, y el rechazo
de sus aguas dibuja un latigazo
sobre la carne. Vanamente fuimos
prisioneros del ansia. Musgo y limos
se prenden en el sexo en un abrazo
de realidad que afirme aquel retazo
de la imagen del ser que repetimos.
Repetimos el cuerpo inalcanzable
y su otredad de espada o de gladiolo,
de mordisco o de beso. ¿No se apresa
con los sentidos otra luz que hable
de nosotros? Tras Dafne corre Apolo
húmedo cual la hierba que atraviesa.




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