I



Como las aves en invierno, emigro
a tu piel de montaña y hierbabuena
para arrancar tu vientre de azucena
y allí dormirme. Adoro tu peligro.
Tu sonrisa y el arpa de tus cejas
ablandan con su luz de amaneceres
cada peñasco de mis cumbres. Eres
mi libertad, mi cárcel y las rejas.
Y si con mis palabras no consigo,
manantiales de hierba, altar de vida,
perdurar en tu piel, mi tatuaje
arañará tu cuerpo como el trigo
que marca surcos en el campo. Olvida
el tiempo y ten mis labios por anclaje.




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