II


Eres la flor que hunde sus raíces
en el huerto amarillo de mi pecho.
Lucho incansable para ser tu lecho
y por siempre impedir que te deslices.
Pero cuando me fuerzas, flor que liba
del corazón el agua de la tierra,
a que te siga, fiel como una perra
con mis besos de cal y siempreviva
tu  mirada me seca, como un lago
expuesto al sol y a su avidez de fieras
por consumir la presa. Cómo sudas
cuando te intento hablar. ¿Pero qué hago
mal? ¿Y qué debo hacer para que quieras
comprender mis deseos y mis dudas?




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