III



La superficie sepia de tus fotos
me muestra cómo el tiempo ha modelado
sobre tu cuerpo grietas, como lotos
que desbordaran sus raíces, rotos
los fríos márgenes del empedrado
para siempre. Ciudad antigua, entonces,
eres en mi soneto encadenado
al paso de los días y a su norma
de acabarnos: lo inmóvil de los bronces
la materia no es, sino su forma
expuesta en las estatuas al instante
así como tu rostro, navegante
por las aguas del tiempo, se deforma
llevándose mis sueños por delante.




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