III


Cuerpo de río en el que sumergirme
con los labios de fuego y de veranos
para que, tras un mar de esfuerzos vanos
posea tus contornos y fingirme
al pasar la corriente un tronco firme
que refleje las grietas de tus manos
como si fueran ramas de manzanos
en las que, vuelto fruto, confundirme.
Cuerpo de río en que poder beberte
única y cristalina, toda mía
como el aire caliente que respiro.
Yaces dormida y en tu gesto inerte
prendo la flor de la melancolía
y rescato tu sueño en un suspiro.




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