VI






Qué asco poseer el cuerpo ajeno
si se sabe corteza su futuro,
si ha de crecer la hiedra sobre el muro
de la carne. Gozamos en el heno
de un certero sabor que ponga freno
a nuestra boca y a su impulso oscuro
por atrapar en besos de cianuro
algún antídoto para el veneno.
Quizás remedie al tránsito tan sólo
la estática dureza de la perla
como trofeo del hastío, fiel
a la quietud de un tatuaje. Apolo
por que no escape y para retenerla
ha convertido a Dafne en su laurel.







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