IV



Asciende como pájaros de fuego
entre las ramas, con su lengua roja
el afán por un cuerpo que en la hoja
desatará el aroma del espliego.
Y como pájaros de agua, luego
reaparece el deseo que se moja
sobre los labios, y a su paso arroja
lúbrica morbidez. Comienza el juego.
A picotazos luchan mutuamente
por abarcar los cielos y la luna,
llamas y agua, para convertirse
en pájaros de humo. Fatalmente
no encontraremos nada que reúna
llamaradas y olas sin fundirse.




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