IV



Tengo mi cuerpo de naturaleza
para que tú lo escribas con ventiscas
y tornes a la luz sombras ariscas
de mi pasado oscuro. El cuerpo reza
y su dios es el cuerpo deseado:
sobre las pampas de mi muslo teje
caminos de azaleas y envejece
tu pulso de caballos, a mi lado.
Tomas mi cuerpo de vergel. Empuñas
como un río tu sexo por mis valles
y con la fuerza de tus aguas labras
mi vientre esperanzado y con tus uñas
mi ser, pero te pido que ahora calles
porque hay más emociones que palabras.




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