V



Irse la luz y comenzar la luna.
Amarse en un relámpago de flores.
A un mismo río unir nuestros sudores
y desear tu piel como a ninguna.
El cuerpo poseído es una runa
por descifrar: cadencias y sabores,
la nimia variación de sus colores
y toda forma de la carne en una.
Paso a paso la oruga del deseo
para sacar de sí la mariposa
se alimenta del cuerpo y de su asco,
porque la piel, al borde del mareo,
disimula entre vómitos de rosa
músculos y esqueleto como un casco.







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