V



Rósame con tu boca de cristales
en mis enjambres. Con tu aurora mides
mis ruiseñores entre los trigales,
olor a proseguir y a nomeolvides:
Tu calandria mirada ha deshojado
el todavía muerto sin sentido,
carne fresada y cuerpo delfinado,
que cabellera el aire si te has ido.
Rósame que me muero. Más aprisa
dame tu siempre y yédrame los ojos
para sentir el fuego que te brisa
sobre mi pecho estático de abrojos.
Sombra mi muslo y hierba mi camisa
con los sargazos de tus labios rojos.




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