Poemas de José Manuel Lucía Megías


Martín, el ángel
[2 de diciembre 2010]
 















Estampa de Ana Matías
Aguafuerte y aguatinta (2005)



Es el destino. Ahora lo sé.
(¿Cómo he podido estar tan ciego, tan sin ojos?)
Mis pasos se acercan en la noche
a ese destino que termina siendo una cama.
Tu cama. Nuestra cama. Sí, nuestra cama.

Es el destino.
Las puertas de los vagones del metro
se abren al ritmo vertiginoso del encuentro,
y las estrellas de los horarios
forman la constelación el abrazo
cada vez más cercano, más y más cercano.

Es el destino.
Ninguna espera. El ritmo justo en los pasillos,
en los recorridos lineales de los trenes
y las copas nocturnas de los semáforos
que inundan todo de verde a mi paso.

Es el destino.
Y sé que el ascensor me estará esperando
y que hoy no se caerán las llaves en el pasillo,
que no habrá alarmas ni citas detrás de las puertas.

Es el destino.
Y llegaré desnudo a tu cama, a nuestra cama
y te abrazaré de espaldas
retirando el aleteo nervioso de los reproches,
y te abrazaré y tu sonreirás,
y me dirás algo en sueños que no entenderé.
Pero no importa. Ahora ya no importa.

Es el destino.
Estamos abrazados.
Abrazados y sonrientes.
Abrazado a tu cuerpo como una columna.
Abrazados y felices.
Abrazados sabiendo que fuera hace frío,
que fuera la noche se empeña en cubrirlo todo,
las dudas de ayer, los reproches silenciosos.
Todo menos nuestros abrazos.
Todo menos nuestro destino.
Ese que nos encuentra a la mañana abrazados.
Abrazados y sonrientes.
Abrazados y felices.




Por la dorada juventud. II
[21 de septiembre 2010]


Estampa de Ana Matías
Aguafuerte y aguatinta (2005)


Para Javier Lostalé,
por todas las imágenes robadas
 tras la Tormenta transparente


Descripción de un despertar cualquiera.
Abres los ojos, ojos que aún no ven.
Las sábanas de los sueños cubren los muebles
(cenizas de otro tiempo, de otro viaje,
que recuerdas porque ya no eres tú).
Abres los ojos y estiras los brazos
con el absurdo deseo de que sean otros brazos,
otras manos, otros huecos entre dos cuerpos;
con la absurda esperanza de que las tardes
recuperen sus paisajes llenos de sol y de nubes,
y de recuerdos, y de sueños y de torres.
Pero son tus brazos los que tocas y los que ves
con esos ojos que van colocando esquinas en tu cama
y arrugas cotidianas en este rostro que es el tuyo,
por más que no lo reconozcas ni lo recuerdes,
por más que nunca lo hayas descrito como ahora.
Un camión de la basura cruza y se para en tu casa.
Como todas las mañanas. Como todas las últimas mañanas.
Hace frío, pero te niegas a sacar las mantas de otoño
por más que esta noche la tormenta haya dibujado
letras de un nombre olvidado en los cristales transparentes.
No. Quieres decir no, pero tus labios callan
y tu cabeza inmóvil espera una señal de tus ojos
que no llega, que en esta mañana de otoño no llega.
Eres joven.
Eres hermoso y joven.
Te sabes joven y hermoso, como un cuadro.
Pero tus ojos se niegan a devolverte los espejos
y las esquinas y los recuerdos colgados en las paredes.
Eres tú porque te sientes tú, pero sin serlo.
En tus ojos aún tu otro yo permanece oculto,
agazapado en la sombra de un recuerdo, de un futuro.
Eres tú pero sabes que un día dejarás de serlo
y entonces tus ojos recuperarán la memoria de este instante,
el atroz momento en que te quedaste sin alas,
sin las ganas de mostrar, ansioso, al mundo,
la belleza y la dorada juventud de tus alas.
Eres tú ahora que comienzas a despertarte,
a abrir los ojos, a estirar los brazos, a esbozar una sonrisa,
a intentar cubrir el hueco de una mirada,
pero sabes que un día, un día como el de los sueños,
dejarás de ser tú,
y mirarás tus alas lacias, tristes, olvidadas a tu espalda
y recordarás todos los ideales que dejaste atrás,
todas las batallas perdidas y todos los huecos abiertos
entre los recuerdos de dos cuerpos que se aman.
Abres los ojos y sonríes, sin poder evitarlo,
sabiendo lo efímero y falso que resulta tu título,
lo escandalosamente efímera que es la dorada juventud.
Eres joven y hermoso
y cubres tu sombra con el brazo de un tatuaje,
sabiendo que en cualquier momento puedes alzar el vuelo,
abrir los ojos y alzar el vuelo,
sonreír y alzar el vuelo,
mostrar arrogante tu pecho desnudo y alzar el vuelo.
Pero no siempre será así
y hoy, al abrir los ojos, te has dado cuenta.
Al abrir estos ojos que ya no te pertenecen,
esos ojos que se han vuelto grises y melancólicos
después de mirar en sueños una tormenta transparente.




El ángel azul
[7 de abril 2010]
 















Estampa de Ana Matías
Aguafuerte y aguatinta (2005)


Para Ana y Alejandro
por nuestras “conversaciones en la montaña”



Leer un poema chino cada mañana.
Abrir los ojos y buscar el tacto de tu risa.
Agotar los últimos segundos del sueño
en la almohada de tu pecho.
Seguir soñando estando despierto,
frente al espejo, bajo la ducha.
Hacer muecas y descubrir sonrisas
y alguna que otra arruga imprevista.
Elegir el azul entre los colores
para los pliegues de mi blusa.
Desayunar y no dejar de mirarte.
Descubrir en cada gesto tuyo una caricia.
Quedarme quieta en el rellano
de tu risa. De perfil. De canto.
Mirar por encima del ordenador.
Charlar con ese pájaro fugaz
que se ha posado en mi ventana.
Buscarte en las fotos de verano,
en el asfixiante calor de los flashes.
Hacer listas de todo, a todas horas,
para disfrutar de las hileras de hormigas
que llenan los cuadernos rojos de la espera.
Pasar página y no hacer de ello un drama.
Ser paciente y no querer conocer
desde el principio el final de la historia.
Disfrutar de cada segundo a tu lado.
Agotar con tu recuerdo cada segundo.
Cerrar a media mañana los ojos
y soñar con el sabor de tus labios.
Comer a mediodía los besos congelados
en el descubrimiento de las fotografías.
Comerte a besos en el reencuentro.
Dejarme caer a tu lado por la noche.
Esperar tu abrazo para cerrar los ojos.
Aletear mis alas al acostarme
para sentir tu risa a mi espalda.
No dejar que el sueño me venza
sin haber leído antes un poema chino.




1 comentario:

  1. Hola nos interesaría contactar con un responsable de esta publicación para hablar de vuestra revista en nuestro programa radiofónico veus anónimas: nuestra dirección es: veusanonimes@radiosabadell.fm

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