Poemas de Marta Vega Torres


La luz de la

mañana

 

 

 


Cuando estábamos hoy jugando con las manos
en la luz matinal,
creíamos que todos nos miraban.

Disimulábamos.

Escondimos deseos de juntar nuestros cuerpos
besando con las manos, con dulzura infantil…

Lo sabemos. Nosotros  hemos nacido para
rehuirnos.
                 Siempre juntos, escapando de amar,
de tocar sin querer, de reír porque sí,
de perder la mirada el uno en la del otro.

Nos escapamos.

Nos escapamos del eterno y agobiante
amor, ése que nadie canta en sus poesías,
ése que te persigue
en las tardes de invierno,
que sepulta tu vida
en ideales siempre venideros…
Mañana te veré, de nuevo, como siempre,
bajo el sol.



El beso

 

 


Llenaría un poema con tus labios.
Con la palabra labios.
Con la palabra beso.
Déjame acariciar las comisuras
de la fruta rosada
que nace de tu rostro.
Déjame que te quite
las hojas que el otoño
ha tirado en tu vientre de gacela.
Déjame que te bese,
nieve cálida, lluvia solitaria,
hiedra que vas trepando por mi espalda.




Nocturnalia

 

 


La noche con mirada de lobos me asustó.
Un búho,
                allá a lo lejos,
se funde con los gritos de los grillos
mientras la luna rompe el reflejo del agua.

Todo era demasiado real para ser bello,
y miré hacia los lados,
y tú no estabas,
y convertí mis manos en palomas,
y salieron volando.



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